jueves, 7 de junio de 2012

Guías del lenguaje no sexista


En los últimos años se han publicado en España numerosas guías de lenguaje no sexista. Han sido editadas por universidades, Comunidades Autónomas, sindicatos, Ayuntamientos..., manifestándose en algunas de ellas un desencuentro entra la intención de reconocer a la mujer su lugar en igualdad de condiciones que el hombre y el resultado lingüístico.
Ejemplo de una guía de lenguaje no sexista
La mayor parte de estas guías han sido escritas sin la partición de los lingüistas; sus autores defienden que las decisiones sobre todas estas cuestiones deben tomarse sin la intervención de los profesionales del lenguaje, de tal forma que el criterio para decidir si existe o no sexismo lingüístico será la conciencia social de la mujeres o, simplemente, de los ciudadanos contrarios a la discriminación. En ciertos casos, estas guías contienen recomendaciones que contravienen normas de la Real Academia Española, y aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en nuestro sistema lingüístico.
Entre los aspectos que comparten estas guías hay una argumentación implícita y es la discriminación que existe hacia las mujeres en muchos ámbitos de nuestra vida, que relacionarlos todos no estaría demás, pero  nos alejaría del tema de este blog, por lo tanto, me centraré en el que nos interesa aquí: los comportamientos verbales sexistas. El lenguaje puede usarse, en efecto, con múltiples propósitos. Puede emplearse para describir, ordenar, preguntar, ensalzar, o insultar entre otras muchas acciones, y, desde luego, también puede usarse para discriminar a personas y a grupos de personas. O como veíamos en la entrada anterior sobre la creación de los símbolos masculinos y femeninos, para significar connotativamente lo femenino como negativo.
Por eso un punto en que coinciden todas estas guías es en intentar que el léxico, la morfología y la sintaxis de nuestra lengua deben hacer referencia explícitamente a la relación  entre género y sexo, de manera que se vieran las manifestaciones verbales sexistas para que no sigan el camino marcado hasta ahora y poder garantizar no sólo un lenguaje no sexista, sino la visibilidad de las mujeres. Ya sabemos que el lenguaje configura la realidad, le da presencia y veracidad. Si no admitimos este razonamiento, se estaría impidiendo al lenguaje “que evolucione de acuerdo con la demanda de crecimiento personal y social”, de forma que seguiríamos manteniendo una serie de hábitos que masculinizan el lenguaje, rechazando la configuración simbólica de la mujer y su expresión. Caeríamos, o mejor dicho, nos hundiríamos más en el pensamiento androcéntrico, en la utilización de esta forma de lenguaje que nos hace interpretar lo masculino como universal frente a lo femenino como no visible, no importante, inferior o negativo.

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